La crónica en veinte verbos



1. Preguntar

Pero entender que las preguntas no pueden ser la única herramienta de aproximación a la realidad.

2. Acompañar

Pasar con los personajes tanto tiempo como sea posible. Ser testigo de sus acciones. Verlos en diferentes momentos y en diferentes espacios.

3. Caminar

El buen reportero sabe que ciertas verdades sólo pueden ser alcanzadas con los pies. Desplazarse caminando es acceder a información que está mucho más allá de la zona de confort.

4. Moverse

Viajar, andar, seguir el rastro de cierta información hasta llegar a otra que la complemente.

5. Observar

Tratar de ser testigo de ciertos actos del personaje que, más allá de las palabras, revelen su personalidad.

6. Capturar

Capturar escenas. Robert Louis Stevenson decía: “Contar historias es escribir sobre gente en acción”. Más allá de saber qué dicen los personajes, es importante determinar qué hacen. Eso es algo que sólo podemos ver si nos quedamos con ellos, si los acompañamos, si vamos más allá de las entrevistas.

7. Anotar

Es importante llevar diarios de campo día a día. Apuntes actualizados y bien organizados.

8. Consultar

El periodismo consiste en administrar la ignorancia. Hay que buscar voces que nos cuenten las historias y que nos ilustren sobre el contexto. En Colombia había un programa de televisión que se llamaba “Yo sé quién sabe lo que usted no sabe”. Se trata de eso. Es necesario hacer consultas, explorar documentos. Procurar ir sabiendo cada vez más acerca de nuestro tema.

9. Aprender

Se cruza con el anterior. Hay que aspirar a ejercer un dominio sobre el tema. Esto se va logrando en la medida en que investigamos, rastreamos pistas, buscamos nuevos datos, verificamos la información.

10. Retroalimentarse

Oír de nuevo las voces de los personajes cuando ya no estamos con ellos. Releer los apuntes. Reorganizar los archivos. Al hacer esta tarea uno se va atizando con la historia y además va descubriendo posibles enfoques.

11. Planear

No es conveniente saltar directamente del trabajo de investigación a la escritura. Hay que hacer una reflexión previa sobre las aristas de la historia y sobre la forma en que deberíamos contarla.

Concebir una estructura narrativa apropiada. Adolfo Bioy Casares decía que un narrador debe aprender a contarse las historias a sí mismo. En esta fase hay que tener una actitud de entrega a nuestra crónica. Pensar en ella, por ejemplo, cuando uno está bajo la ducha o cuando va caminando. Mientras más pensemos previamente en la historia, más podremos  enriquecerla. Mailer decía: “una parte muy importante de la escritura se hace lejos de la máquina de escribir”.

12. Esbozar

Hacer un mapa de la historia. Ver su arco narrativo de principio a fin. Determinar los posibles capítulos. La entrada. El desarrollo. El desenlace. El remate. Todo esto, en lo posible, debe estar identificado desde antes de sentarse a escribir.

13. Enganchar

García Márquez decía: “Es más fácil atrapar un conejo que un lector”. Esto se logra con un estilo claro, sugerente, seductor. Entrar en el tema de manera contundente y desarrollarlo con claridad y encanto.

14. Elegir

Quien satura de la crónica de elementos irrelevantes, generalmente lo hace a costa de sacrificar los esenciales. En consecuencia, le quita fuerza a la narración. No sólo hay que incluir, sino también descartar. Narrar es suprimir. Hitchcock decía: “El cine es la vida sin los momentos aburridos”. Quien no tiene criterio para seleccionar lo que cuenta, se torna tedioso.

15. Borrar

Un narrador debe estar dispuesto a usar la tecla “Delete”. Sábato decía: “No conozco a un escritor por lo que escribe sino por lo que borra. Y Augusto Monterroso le hacía el coro: “uno es dos: el que escribe, que puede ser bueno, y el que corrige, que debe ser bueno”. Reescribir es ofrecerle al texto oportunidades de alcanzar eficacia.

16. Apoyarse

Apoyarse en buenos editores que nos ayuden a depurar el texto. Creer en buenos editores para luego encontrar más lectores que crean en nosotros.

17. Dudar

Dudar de la historia en algún momento: ¿esto, en serio, podría interesarle a alguien? ¿Me interesa a mí mismo? Dudar de este manual. Dudar de todos los métodos aunque al final esa duda funde un nuevo método. Atreverse a saltar en el vacío.

18. Seducir

En este punto conviene tener a la vista el mandamiento de Woody Allen: “Todos los estilos son buenos, menos el aburrido”.

19. Leer

Hay que tener referentes y acudir a ellos con frecuencia. Los grandes maestros, aparte de enseñar, inspiran.

20. Suprimir (otra vez).

Isaac Babel decía que la prosa se torna verdaderamente sólida justo en el momento en que resulta imposible quitarle una palabra más, porque ya está depurada al máximo.

Consejos para un joven que quiere ser cronista

Si no eres porfiado, olvídalo. De entrada te dirán que no hay espacio, ni dinero, ni lectores. En vez de perder tiempo quejándote, pon el trasero en la silla como proponía Balzac. Y cuando empieces a trabajar escucha el consejo de Katherine Ann Porter: no te enredes en asuntos ajenos a tu vocación. A un narrador lo único que debe importarle es
contar la historia.
Cuando la historia es buena y está bien contada posiblemente le interesará a algún editor. Pero nadie te lo garantiza. En caso de que no la publiquen, por lo menos te quedará una crónica ya terminada. Guárdala como un tesoro: podría motivarte a hacer otra. Si dejas de escribir cuando los editores te cierran las puertas, tal vez mereces que te las cierren.
Aunque tengas un trabajo de tiempo completo en un periódico o manejes un camión de carga, debes escribir. Ninguna excusa es válida. Si solo atiendes los llamados del estómago, ¿para qué seguimos hablando? Cree en los temas que te impulsen a escribir. Ya lo dijo Mailer: cuando un tema atrape tu atención no lo sometas a la duda. Puedes escribir sobre lo que quieras: sobre un asaltante de caminos, sobre las enaguas de tu abuela, sobre el escolta del presidente, sobre la caspa de Tarzán, sobre lo triste, sobre lo folclórico, sobre lo trágico, sobre el frío, sobre el calor, sobre la levadura del pan francés o sobre la máquina de afeitar de Einstein. Pero por favor no aburras al lector. Escribir crónicas es narrar, narrar es seducir. Los buenos contadores de historias convierten el verbo narrar en sinónimo de encoñar. Son como Don Vito Corleone: le hacen al lector una oferta que no puede rechazar.
Confieso que me producen alergia las historias que lo reducen todo al blanco y al negro. Desconfío de las moralejas y por eso no leo fábulas. O las abandono a tiempo para que el lobo viva tranquilo después de comerse a Caperucita Roja y para que el dueño de la gallina de los huevos de oro pueda sacrificarla sin remordimientos.
Algunos pretenden escribir mientras bailan una cumbiamba o asisten a un partido de fútbol. Pero el trabajo es una cosa y el recreo, otra. Concéntrate en tu oficio. Si no le dedicas al texto toda tu atención, posiblemente el lector tampoco lo hará.

Estar aislado es duro, te lo advierto, en especial cuando escribes historias de largo aliento. Sabes cuándo comienzas pero no cuándo terminas. En cierta ocasión me sentí tan oprimido por el encierro que consideré como mi gran utopía salir a pagar el recibo del teléfono. Luego están las dificultades propias del oficio: en una jornada solo alcanzas aprecisar un adjetivo, y al día siguiente lo borras porque ya no te gusta.
Acuérdate de Dorothy Parker: “odio escribir, pero amo haber escrito”. Si cuidas la escritura, si no te conformas con juntar las palabras de cualquier manera, lo más seguro es que tiendas a bloquearte. Bloquearse es un gaje del oficio. Indica que asumes el trabajo en serio. Sal a la calle a renovarte. Tomar distancia también es una forma de escribir.

Si eres de los reporteros que no leen más que noticias, declárate perdido. Hay que tener buenos referentes en el oficio. Solo en el oficio. Solo al oír las voces de los maestros – Talese, Capote, Hemingway – y mirar el mundo con curiosidad genuina aprenderás a encontrar tu propia voz. Por mucho que ciertos reporteros y editores ortodoxos renieguen de la crónica, tú tienes que creer. La crónica le pone rostro y alma a lanoticia para atender a un tipo de lector que no solo quiere atragantarse de datos. Algunos suponen que las verdades que no contienen el destape de una olla podrida son indignas de ser publicadas. En un continente saturado de corrupción siempre será apreciada la figura del higienista que fumiga a las alimañas. Sin embargo, me temo que la verdad no se encuentra solamente regando plaguicidas o frecuentando los manteles de
los poderosos, sino también prestándole atención a la gente común y corriente, aquella que, por desdicha, solo existe para la gran prensa en la medida en que muere o mata.

Romper el balín

Diez consejos (arbitrarios) para el trabajo de campo en la crónica.



1) Serás curioso. La curiosidad es lo que le permite al reportero descubrir pistas reveladoras durante el trabajo de campo y aprovecharlas. El grado de curiosidad que tengas determinará en gran parte los alcances de tu exploración. Recuerda lo que decía Eça de Queirós: de uno depende que la curiosidad sirva para descubrir América o tan solo para fisgonear detrás de la puerta.

2) Serás genuinamente curioso. Un reportero puede programarse para ser curioso durante el tiempo en que realiza su trabajo de campo, pero más le vale que lo sea siempre y de manera auténtica. Que aunque no esté investigando para una crónica sienta una gran curiosidad por el otro. Por los otros. Por lo otro. Por todo lo que esté más allá de sus narices. Hay un proverbio campesino muy sabio:“quien curiosea el nudo, aprende a soltarlo”.

3) Continuarás siendo curioso. Es decir, entenderás que cuando un buen reportero satisface su curiosidad no siente ganas de acostarse a dormir sino de seguir indagando. Una curiosidad lleva a la otra, y luego a la otra. El reportero husmeador siempre encuentra motivos para plantearle nuevas preguntas a la realidad. Y como es tan obstinado, a veces descubre puertas donde los demás ven muros.

4) Tirar la punta del ovillo. Una mañana de 2002 un aguacero derrumba en Medellín un árbol centenario de caucho, un árbol que en esa ciudad es un ícono del paisaje urbano. Alertados por el ruido que produce la fronda gigante al chocar contra el pavimento, los curiosos acuden en masa al lugar del suceso. Uno de esos fisgones es el periodista Juan Miguel Villegas, que entonces cuenta apenas veinticinco años. Varios trabajadores de la empresa de aseo aparecen de pronto con seguetas eléctricas, dispuestos a despedazar el árbol para botarlo como simple basura. Los habitantes empiezan a apoderarse de los restos del árbol. Y el periodista tiene la curiosidad de seguirle el rastro a cada trozo de madera. Va a un restaurante chino, al apartamento de una señora, a un taller de carpintería. Ve cómo cada persona de esas utiliza el retazo que le tocó en suerte. Lo que pudo haber sido una nota de registro sobre la muerte de un árbol, se convierte en un relato original sobre la influencia del azar en la vida de la ciudad. Volvemos a la necesidad de tirar la punta del ovillo, es decir, a la curiosidad. Esa es la razón de ser del periodismo narrativo: investigamos porque no soportamos la idea de quedarnos con ninguna duda.

5) Intentarás ir más allá de lo evidente. Los hechos y personajes de la realidad son mucho más de lo que se ve a simple vista. Para el reportero conformista el balín es un punto final, una pequeña esfera de plomo sobre la cual ya todo está dicho. No se puede desmenuzar un balín, no se puede entrar en él. Salvo que aparezca un reportero acucioso, por supuesto. El acucioso hace rodar el balín, se da mañas para romperlo porque necesita averiguar qué tiene por dentro.

6) Intentarás descubrir la totalidad del Iceberg. Hemingway nos enseñó que los datos que aparecen publicados en las buenas historias son una fracción mínima de la investigación que recopiló el autor. La parte del iceberg que sobresale en el mar – nos recordó – es tan solo un octavo de lo que mide en total ese témpano de hielo. Los siete octavos restantes están sumergidos en el agua. No se ven pero son los que sustentan la punta que está por fuera, a la vista de todo el mundo. Lo que le permite a uno escribir con solvencia mil palabras es investigar como si fuera a escribir veinticuatro mil. Y no lo olvides: aquí no basta con saber que bajo elagua están escondidas las siete octavas partes del iceberg: hay que conocerlas.

7) Te preocuparás por buscar los datos que no salen en Wikipedia. Utilizarás Google, como hacemos todos hoy, pero tendrás claro que si esa es tu única herramienta para hacer pesquisas estás perdido. Hay mucha información de calidad que no figura en internet: tu reto es encontrarla.

8) Buscarás datos de calidad. Cuando John Hersey escribió sobre Hiroshima nos contó a qué distancia exacta del epicentro de la explosión de la bomba atómica se encontraba cada uno de sus personajes. Cuando Juan Villoro vivió el terremoto de 8.8 grados que devastó Chile, nos informó que el sismo modificó el eje de rotación de la tierra y el día se redujo en 1,26 microsegundos. Cuando Leonardo Faccio escribió sobre el futbolista Leo Messi, nosadvirtió que solo veinticinco países en el mundo tienen un Producto Interno Bruto mayor que la industria del fútbol. El contador de historias se tropieza con las mismas cifras del reportero que escribe la noticia de primera plana, pero va más allá: sus datos, además de informar, deben sorprender, iluminar los ángulos más inesperados de la realidad.

9) Irás más allá del entrecomillado. Gran parte del periodismo que se hace hoy es rehén de las entrevistas. Hablan los ministros, habla el papa, habla el cantante de moda, habla el embajador, habla el director de la oficina de atención de emergencias, habla todo el mundo, hasta el loro, y los periodistas incluyen en sus titulares la parte de la declaración que consideran más impactante. Cuando nadie habla, no hay noticia. Parece que no hubiera más formas de acercarse a los personajes que a través del diálogo oral. Yo pregunto, tú respondes, y ya está: pan comido. La crónica es un género narrativo y, por tanto, va más allá de eso que Alma Guillermoprieto llama “el síndrome del entrecomillado”. Contar historias – decía Robert Louis Stevenson – es escribir sobre gente en acción. De modo que nuestra indagación trasciende las entrevistas: acompañamos a los personajes, aprendemos a oírlos incluso cuando no están respondiendo a nuestras preguntas, procuramos verlos desenvolverse en sus espacios habituales. En una palabra, intentamos ser testigo de escenas, de muchas escenas.

10) Te acercarás a los cuernos del toro: La crónica no es un género para periodistas aburguesados, de esos a los que ya les da pereza recorrer leguas de camino y untarse de barro. Volvamos a Hemingway: “La distancia entre el toro y el torero es inversamente proporcional al dinero que el torero tiene en el banco”. No tengo nada contra tu cuenta bancaria pero sí contra el hecho de que ya no quieras acercarte a la zona de candela. La realidad es un toro al que hay que agarrar por los cuernos.

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Alberto Salcedo Ramos